Valeria
Valeria no supo exactamente en qué momento empezó a desaparecer de sí misma. Tal vez fue antes del embarazo, cuando él pasaba horas con el teléfono en la mano, sonriendo a una pantalla que nunca le mostraba. O quizá fue tres días después de enterarse de que estaba embarazada, cuando usó su computadora y, al conectarse al internet, comenzaron a caer las notificaciones como una lluvia imparable. Mensajes. Nombres de mujeres. Palabras que no eran para ella. Laura. Sofía. Daniela. Andrea. Nicole. Camila. Paola. Conversaciones cargadas de insinuaciones, promesas vacías, frases sexuales escritas con una facilidad que a Valeria jamás le había mostrado. Cuando lo enfrentó, él lloró. Juró. Prometió. —No volverá a pasar —dijo—. Te amo. Ella quiso creerle. Porque estaba embarazada. Porque tenía miedo. Porque amar también cansa y rendirse parece más fácil. Pero no pasó mucho tiempo antes de descubrir que entre todas esas mujeres había dos nombres que pesaban más. Marla , su compañera de...